Día del Diseñador: crear un stock visual propio con IA para diseñar con intención humana
Una reflexión desde la práctica sobre inteligencia artificial, diseño con intención humana y lo que implica crear imágenes con identidad real en un momento donde incluso lo legal empieza a volverse difuso.
INTELIGENCIA ARTIFICIALDISEÑO
Briglle Cárdenas
4/28/20269 min leer
Ayer, 27 de abril, se celebro el Día Mundial del Diseño o diseñador.
Y más que celebrarlo, quiero usarlo como excusa para compartir algo que vengo explorando desde hace meses.


”Cómo usar inteligencia artificial no para producir más… sino para diseñar mejor.”
1. El problema: imágenes sin alma en la era de la IA
Hace unos meses, las imágenes generadas con IA eran inquietantes.
Rostros extraños, manos deformes, miradas vacías.


Hoy el problema es otro:
Ya no sabemos qué es real… pero tampoco qué es relevante.
Los errores siguen ahí.
Solo que ahora son más sutiles.
Y si no tienes ojo de pixel perfect, ese ojo crítico que detecta lo que no encaja— pueden pasar directo a una pieza.
Más aún cuando te piden hacerlo todo rápido.
Lo he visto:
Una imagen puede pasar por varias personas y, si el detalle es pequeño, nadie lo nota.
O peor aún, lo normalizamos.
“Es IA… déjalo así.”
Y en ese punto, casi sin darnos cuenta, empezamos a perder algo esencial:
Dejamos de cuestionar… y terminamos aceptando como humano algo que no lo es.


Y ahí apareció una pregunta clave para mí como diseñadora:
¿Y si empezamos a construir nuestro propio stock visual?
¿Y si, en lugar de depender de bancos genéricos, empezamos a crear activos visuales con intención?
¿Y si además, ese valor lo trasladamos directamente a nuestros clientes?
En ese momento me encontré con el trabajo de Pablo Stanley, especialmente en su curso How to Create AI Images: On-Brand and Inclusive Photography, y en iniciativas como www.lummi.ai.
Más que una inspiración, fue una confirmación:
Esto no era una idea aislada.
Mientras otros estaban explorando cómo construir bancos visuales con identidad, yo estaba empezando a recorrer ese mismo camino desde mi propia práctica y con mi criterio humano.
2. La oportunidad: crear un stock propio con identidad
En muchos proyectos —especialmente en sectores como legal, financiero o corporativo— hay un reto constante:
Cómo representar lo humano en negocios que históricamente se perciben fríos o lejanos.
En Latinoamérica, y particularmente en Colombia, esto es aún más evidente.
Por eso decidí hacer un ejercicio:
Crear imágenes pensadas para contextos reales
Representar personas cercanas, no modelos genéricos
Construir escenas que se sientan locales (no globalizadas artificialmente)
No se trataba de hacer imágenes “bonitas”.
Se trataba de hacer imágenes creíbles.
Porque en medio del ruido, herramientas nuevas cada semana, promesas de automatización, plantillas infinitas, hay algo que sigue siendo escaso:
Criterio con intención humana.
Y acá aparece algo que no puedo ignorar desde que empecé a trabajar con IA:
Los derechos de autor.
Si quiero crear algo más humano, ¿cómo garantizo que la IA no esté replicando el rostro de alguien real?
Es una pregunta incómoda… pero necesaria.
No me quiero quedar solo con lo “mágico” de crear.
También estudio temas como:
Sesgos en la IA
Accesibilidad
Y el impacto real de lo que estamos construyendo
Porque sí, la IA puede hacernos sentir más rápidos, más capaces… casi como superhéroes.
Yo no hablo solo de diseñar para personas.
Hablo de diseñar para la humanidad, sin excepciones.
Porque cuando realmente llevamos eso a la práctica, cambia todo:
Cómo usamos la tecnología
Cómo tomamos decisiones
Y hasta qué estamos dispuestos a aceptar como “correcto”
En un contexto donde la IA puede generar cualquier cosa, el reto no es técnico.
Es ético
Es humano
Es consciente
Imágenes creadas como parte del ejercicio y exploración con la IA.


















3. El verdadero valor no es la imagen, es el prompting con intención
Aquí es donde cambia el juego.
Hoy cualquiera puede generar una imagen.
Pero no cualquiera puede dirigirla.
El diseño ya no está en la herramienta. Está en cómo pensamos lo que queremos crear.
Aprender prompting no es escribir comandos, es:
Entender narrativa visual
Definir contexto
Construir intención
Diseñar desde lo humano
Acá les dejo uno de mis prompts y algunas de las imágenes que viste antes.
Y puede que te preguntes:
¿Por qué en inglés?
Muchos dicen que lo ideal es escribir en tu idioma nativo, porque es donde las ideas fluyen de forma más natural.
Y sí, tiene sentido.
Pero en mi caso hay otra razón:
Cada ejercicio es también una oportunidad para practicar inglés.
Así como configuramos nuestros dispositivos en otro idioma para aprender, esto se vuelve parte del proceso.




Tip: las palabras también se diseñan
En uno de mis muchos cursos de prompting me encontré con algo que me cambió la forma de escribir:
El concepto de Embedding Projector.
No necesitas entenderlo a nivel técnico.
Lo importante es esto:
Las palabras no están aisladas, viven en relación con otras.
En los modelos de IA, cada palabra tiene una “posición” en un espacio, y las palabras cercanas entre sí tienen significados similares.
4. Mi proceso (como ejercicio de aprendizaje)
Probé múltiples herramientas, cursos y plataformas.
Mucho ruido. Muchas promesas.
Y llegué a una conclusión práctica:
No necesitas todas las herramientas, necesitas un flujo claro.
Mi stack actual (por decisión, no por tendencia):
IA generativa para imágenes (y en algunos casos video)
Exploración constante en prompting
Más importante que la herramienta:
Saber cuándo vale la pena pagar… y cuándo estás aprendiendo.
Dos conceptos que aplico siempre:
ROI (Return on Investment) → Retorno del dinero
ROE (Return on Effort) → Retorno del esfuerzo
Porque sí, en la carrera por “no quedarnos atrás”, muchos diseñadores estamos perdiendo algo básico:
Conciencia sobre el valor de nuestro trabajo.
Pagamos herramientas, suscripciones, pruebas… ponemos nuestras tarjetas casi en automático.
Y en otros casos, probamos plataformas sin pensar demasiado, incluso cargando información real… sin dimensionar las consecuencias que puede tener usar datos sensibles.
Es curioso:
O gastamos sin control
O experimentamos sin límites
5. Del stock a la pieza: donde realmente entra el diseño
Crear imágenes o videos fue solo el primer paso.
Lo realmente interesante vino después: cómo conectar todo en un flujo coherente.
Porque no se trata de generar imágenes aisladas.
Se trata de construir un sistema que te permita usarlas con intención.
En mi caso, el proceso se organizó así:
Generación de imágenes con IA (exploración y dirección visual)
Curaduría y organización en librerías
Integración con herramientas de diseño
Construcción de piezas finales
Aquí fue donde encontré algo clave.
Al trabajar con el ecosistema de Adobe, pude estructurar mejor ese flujo:
Crear colecciones de imágenes
Centralizar recursos visuales
Conectarlos directamente con herramientas como Adobe Express
Esto me permitió pasar de “imagen generada” a activo reutilizable dentro de un sistema.
Y ahí es donde la IA deja de ser un experimento… y empieza a ser parte de un proceso de diseño.
Y acá puede venir el debate.
Sí, uso herramientas de Adobe.
No porque sean “las mejores”,
sino porque son las que ya hacen parte de mi flujo.
Me permiten algo muy simple, pero muy valioso:
Organizar colecciones por cliente, mantener librerías con colores, logos y activos… y tener todo conectado.
Y vuelvo a mi punto:
Trabajo con lo que tengo disponible.
Es mi lenguaje.
Es donde ya entiendo cómo construir.
Entonces, ¿por qué ponerle más presión a mi cerebro solo por aprender otra herramienta,
si todavía puedo llevar esta al máximo?
Mi flujo es bastante claro:
Genero las imágenes… pero el trabajo real empieza después.
Las llevo a Adobe Photoshop para darles mi toque como diseñadora.
Porque sí, seguimos siendo diseñadores.
Y eso implica algo básico:
No podemos depender de la herramienta sin entender cómo intervenir lo que creamos y Photoshop tiene mucho más desde que integraron AI.
Desde que integraron IA, todo empieza a conectarse:
Librerías, activos, sistema visual… todo en un mismo flujo.
Tiene muchas funcionalidades —edición de video, captions, herramientas de voz—
y aunque no soy diseñadora de redes ni creadora de contenido, encuentro acá algo que valoro mucho:
Un lienzo en blanco para construir.
Y hay algo puntual que, como alguien interesada en accesibilidad, me parece muy valioso:
Complementos como Attention Insight, que permiten identificar áreas de atención
y validar si realmente el usuario está leyendo lo que queremos comunicar
Podría hablar de muchas más funcionalidades —porque las hay, como en casi todas las plataformas hoy— pero para mí, el punto no está ahí.












Podría usar templates.
Todos podríamos.
Pero acá entra algo muy personal:
Ver siempre los mismos lenguajes visuales, las mismas estructuras, las mismas decisiones…
termina contaminando.
Y para mí, eso rompe algo importante:
La identidad, personalidad y el lenguaje propio de una marca.
Por eso decidí quedarme con este flujo.
No porque sea el más popular, sino porque me permite algo que valoro más:
Intervenir, ajustar y construir hasta que la pieza se sienta mía.
No de la IA.
No de una plantilla.
Mía.
¿Y qué pasa cuando esto escala?
Hoy, el panorama va mucho más allá de generar imágenes o piezas individuales.
Empresas y grandes agencias ya están trabajando con orquestas de agentes de inteligencia artificial, donde múltiples sistemas colaboran para crear contenido, automatizar procesos y escalar producción de forma masiva.
Ecosistemas como los que está impulsando Microsoft están llevando esto a otro nivel:
Ya no se trata solo de diseñar, sino de orquestar sistemas completos de creación.


6. Derechos de autor
Sé que este no es el tema más “emocionante”.
Muchos dirán:
“si las grandes empresas de IA no lo tienen completamente resuelto… ¿por qué nosotros deberíamos preocuparnos?”
Para mí, es todo lo contrario.
Si estamos creando, también debemos cuestionar.
Porque acá aparece una pregunta incómoda:
Si genero una imagen con IA… ¿De quién es realmente?
¿Mía, por haberla creado?
¿De la herramienta, por haberla generado?
¿O de alguien más, si el modelo fue entrenado con datos reales?
En mi caso, fui directo a investigar y preguntar.
Y la respuesta no es tan simple como quisiéramos.
Hoy, en la mayoría de plataformas de IA:
La autoría se atribuye al humano que dirige la creación
Pero el resultado sigue dependiendo de modelos entrenados con información externa
Y el debate legal todavía no está completamente cerrado
Es decir:
Estamos creando en un terreno que todavía se está definiendo.
Y ahí es donde esto conecta con todo lo anterior.
Si quiero construir algo con intención humana, también debo preguntarme:
¿De dónde viene lo que estoy usando?
¿A quién podría estar representando sin saberlo?
¿Y qué responsabilidad tengo como diseñadora?




Así que fui directo a la fuente —como diríamos en Colombia, al dueño del chuzo.
Quería entender realmente qué está pasando detrás de estas herramientas.
Y si te interesa este tema, te invito a hacer lo mismo:
Preguntar, investigar y revisar las condiciones de cada plataforma.
Porque sí… es una cueva oscura.
Y muchas veces, poco clara.
Pero hay algo que me queda:
Si creamos con intención,
si cuidamos la data de nuestros clientes,
y si usamos las herramientas con criterio…
Al menos estamos siendo responsables en medio de un escenario que aún no está definido.
Y lo digo también desde lo cultural.
Somos buenos resolviendo, buscando caminos, “rebuscándonos”.
Pero llevado a este contexto, sin criterio, puede volverse un problema.
Porque con estas herramientas, el margen de error no es menor… es exponencial.
Hoy, más que nunca, podemos crear cualquier cosa.
Imágenes perfectas.
Escenarios ideales.
Personas que ni siquiera existen.
Pero eso no significa que todo lo que creemos… tenga sentido.
No diseñamos para usuarios.
No diseñamos para métricas.
Diseñamos para la humanidad, sin excepciones.
Y eso implica algo más que saber usar herramientas.
Implica cuestionar:
Lo que creamos
Cómo lo creamos
Y el impacto que dejamos
Este artículo nace desde mi lado más diseñador.
Desde la curiosidad.
Desde el disfrute de crear.
Pero mi trabajo va más allá de esto.
Trabajo construyendo sistemas, tomando decisiones, y diseñando experiencias que impactan productos reales.
Y justamente por eso, esto me importa.
Porque no se trata solo de lo que podemos hacer con la tecnología.
Se trata de cómo la usamos
De lo que decidimos construir
Y de la responsabilidad que asumimos
Feliz día a quienes siguen creando con intención.
